La ‘aventura’ empresarial en Estados Unidos

Artículo de opinión de José Antonio Gurpegui, publicado en el Confidencial Digital.

Auspiciado por la Fundación Consejo España-Estados Unidos, presidida por el consejero ejecutivo del Santander Juan Rodríguez Inciarte, se celebró ayer en la Casa de América la jornada “España-Estados Unidos: una relación empresarial de futuro”. Participaron representantes de buena parte de las empresas españolas mejor situadas en los Estados Unidos –Abengoa, Acerinox, Ferrovial, Iberdrola, Indra, Viscofán- y correligionarias norteamericanas en España – Atlantic Copper, Boeing, Dupont, Ford, General Electric, Hewlett-Packard-. El contenido de las intervenciones, en consonancia con el título, reflejaba un claro e innegable optimismo ajeno a las tribulaciones que atenazan a muchas otras firmas del Ibex 35 de ámbito nacional. Su posición está afianzada y, mal que bien, la reelección de Obama, como mínimo para quienes centran su negocio en renovables e infraestructuras, ha sido una buena noticia (únicamente queda por ver hasta qué punto les afectarán los ineludibles recortes que la nueva administración deberá llevar a cabo). 

En las últimas décadas, sobre todo en los últimos diez años, desde la presidencia de Aznar, la inversión empresarial española en Estados Unidos ha crecido exponencialmente. Tradicionalmente, las empresas españolas ignoraron el mercado norteamericano y focalizaron su desarrollo internacional en Iberoamérica. Pero, tal vez, la desconfianza que generan los inestables mercados del Sur, en un claro ejercicio de hacer de la necesidad virtud, impulsaron en su momento las inversiones en el coloso del norte. Cada firma tuvo sus propias razones y tiene su propia historia que ahora, ya establecidas en un mercado tan competitivo como el americano, narran con satisfacción y orgullo: más de la mitad del acero producido en Estados Unidos lo es por una empresa española –Acerinox-; dos de cada tres ‘perritos’ que se consumen en el país tiene envoltorio de nuestro país -Viscofán-; dos de las mayores plantas solares del mundo que producirán 280 MW cada una tendrán el sello español -Abengoa Solar-; Ferrovial, que gestiona algunas de las autopistas y turn pike más importantes del país, ha desarrollado un sistema para el pago de peajes que identifica vehículos, sin necesidad de parada ni registro de matrículas… En muchas de ellas -y no me estoy refiriendo únicamente a las citadas, ahí están los ejemplos de Zara, Griffols, Freixenet, etc.- su facturación e inversión internacional es incluso mayor que la nacional y los Estados Unidos se han convertido en el mercado prioritario.

Pero su presencia en los territorios del ‘Tío Sam’ ha tenido una buena dosis de experimentación, de ensayo error-acierto, que compañías potentes como las mencionadas pueden asumir. Más difícil lo tienen las pymes; ese es, precisamente, uno de los retos del empresariado español: lograr una mayor presencia de las pymes en el mercado estadounidense. Hasta el momento, las actuaciones empresariales y la política gubernamental respecto a Estados Unidos han sido divergentes, paralelas en el mejor de los casos, pero raramente coincidentes. Las empresas -grandes, pequeñas, o medianas- se han enfrentado a este reto con un apoyo estatal más simbólico que efectivo. Las grandes, a los datos me remito, han podido superar la prueba; las pequeñas y medianas, salvo raras excepciones como Carbures, ligada al sector aeronáutico, o la cárnica Fermín, exportadora de jamón ibérico -también presentes en el encuentro de ayer-, lo hacen con más arrojo y empeño que apoyos y medios. 

El ICEX parece haber apostado por este mercado; incluso ha echado mano de la Casa Real, en especial de D. Felipe de Borbón, como embajador de lo que será nuestro sello de calidad, la “marca España”. Con un enfático “¡Viva la marca España!” concluía el embajador de los Estados Unidos en España, Alan Solomont, su colaboración en una ‘Tercera’ de ABC el mes pasado. Bienvenida sea la necesaria iniciativa. Pero tratándose de Estados Unidos de poco o nada servirán las inversiones públicas en campañas publicitarias si nuestra política exterior se desarrolla de forma errática. La relación política que Estados Unidos ha mantenido con España ha permanecido prácticamente invariable desde la visita de Eisenhower… y de eso hace más de medio siglo. 

Para España, circunscribiéndonos a la última década, los Estados Unidos han sido nuestro amigo más importante con Aznar, nuestro amigo inevitable con Rodríguez Zapatero, y nuestro amigo necesario con Rajoy. Tampoco favorecen las informaciones que últimamente aparecen en los medios de comunicación norteamericanos con fotografías de homeless rebuscando en cubos de basura, rescates bancarios para evitar quiebras, declaraciones de presidenciables en las que España es ejemplo de lo que no debe hacerse,  barricadas incendiadas a escasos metros del Congreso, o noticias de huelgas generales que los estadounidenses, probablemente por desconocimiento de qué es una huelga general, interpretan como un continuo estado de caos y anarquía. Con este panorama, cualquier iniciativa empresarial en los Estados Unidos tiene una dosis de ‘aventura’ mayor que la de Alvar Núñez Cabeza de Vaca hace 500 años.

Pero no todo son malas noticias: un reciente estudio del Real Instituto Elcano, elaborado por Javier Noya, pone de manifiesto que la opinión de los norteamericanos sobre España es prácticamente idéntica a la que tienen de países como Francia o Italia.  Mira que si a Spielberg le diera por emular a Berlanga

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